
Según la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer, el cáncer colorrectal es la segunda causa principal de muerte relacionada con el cáncer en los Estados Unidos, superada solo por el cáncer de pulmón. El Instituto Nacional del Cáncer estima que en 2024, 152,810 personas en los Estados Unidos fueron diagnosticadas con cáncer de colon o recto, y aproximadamente 53,010 murieron a causa de él. Aunque no hay una forma garantizada de prevenir el cáncer colorrectal, la detección puede identificar células anormales antes de que se conviertan en cáncer. También puede reducir su riesgo de cáncer colorrectal modificando los factores de riesgo controlables.
1. Hágase una prueba de detección de cáncer colorrectal
La detección ayuda a los médicos a detectar y eliminar crecimientos anormales conocidos como pólipos antes de que progresen a cáncer. Cuando se detecta temprano, el cáncer colorrectal es altamente tratable. Los adultos con riesgo promedio deben comenzar las pruebas a los 45 años. Aquellos con familiares cercanos inmediatos, como padres, abuelos y hermanos, que hayan tenido cáncer colorrectal deben comenzar la detección a los 40 años, o 10 años antes del diagnóstico del familiar de primer grado más joven. Los tres tipos principales de detección son:
Pruebas basadas en sangre: Estas pruebas analizan la sangre de una persona en busca de indicadores de cáncer colorrectal.
Pruebas basadas en heces: Estas pruebas examinan las heces en busca de signos de cáncer de colon. Son menos invasivas y más fáciles de realizar, pero requieren pruebas más frecuentes.
Exámenes visuales (estructurales): Estas pruebas evalúan la estructura del colon y el recto en busca de áreas anormales. Se pueden realizar utilizando un endoscopio (un instrumento en forma de tubo con una luz y una pequeña cámara de video en el extremo) insertado en el recto o mediante pruebas de imagen especializadas (como rayos X).
2. Preste atención a su dieta
Varios estudios han indicado que las dietas ricas en frutas, verduras y granos enteros están asociadas con un menor riesgo de cáncer de colon o recto. Limite su consumo de carne de res, cerdo y cordero, y consuma menos carnes procesadas, como hot dogs. Incluya granos enteros en su dieta, como avena, arroz integral, palomitas de maíz y pan integral. Además, controle sus niveles de vitamina D; la investigación ha demostrado que niveles bajos de vitamina D están relacionados con un mayor riesgo de desarrollar cáncer colorrectal.
3. Haga ejercicio
Ser físicamente activo puede reducir el riesgo de cáncer colorrectal al disminuir la inflamación en el cuerpo. Las personas con enfermedades inflamatorias del intestino, como colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn, enfrentan un riesgo significativamente mayor de cáncer de colon que la población general. El ejercicio puede ayudar a disminuir la inflamación intestinal y mejorar la función inmunológica para prevenir el cáncer. El Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. recomienda que los adultos realicen de 2.5 a 3 horas de actividad aeróbica de intensidad moderada o una combinación equivalente de actividades cada semana.
4. Controle su peso
Tener sobrepeso u obesidad aumenta el riesgo de cáncer de colon o recto debido a su potencial para alterar la función hormonal, incluidas la insulina y la leptina. Las personas obesas a menudo tienen niveles elevados de insulina, lo que puede provocar un crecimiento celular irregular en el colon. Para mantener un peso saludable, concéntrese en una dieta equilibrada rica en pescado, verduras y otros alimentos nutritivos, mientras reduce su consumo de azúcar, grasas y alimentos salados.
5. Limite el consumo de alcohol
El alcohol puede causar daño intestinal y es una toxina que puede dañar el ADN. Puede provocar inflamación intestinal y debilitar la inmunidad intestinal, lo que puede contribuir al desarrollo de cáncer colorrectal.
6. No fume
Fumar eleva el riesgo de cáncer colorrectal al causar daño al ADN e inflamación en los intestinos y los pulmones. Esto puede provocar hipoxia, una condición caracterizada por una cantidad insuficiente de oxígeno a nivel tisular, que, junto con las mutaciones del ADN, puede resultar en el desarrollo de células anormales que pueden transformarse en cáncer.
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